COMUNICADO POR SITUACIÓN EN BARILOCHE


El Colegio de Profesionales de Servicio Social y/o Trabajo Social de la Provincia de Río Negro, Delegación Zona Andina, ante los últimos acontecimientos desencadenados a partir del 20 de diciembre pasado, manifiesta su profunda preocupación por la situación actual de la ciudad de San Carlos de Bariloche.
Consideramos que los hechos ocurridos dejan de manifiesto una realidad que no podemos dejar de tener en cuenta y que nos obliga a los ciudadanos a repensar nuestra mirada y nuestro accionar.
Nos encontramos en una ciudad con un alto grado de fragmentación social y desigualdad. Históricamente la sociedad barilochense se construyó polarizadamente, marcando un sector que forma parte de la monoindustria del turismo, cuya ganancia no está al servicio de la ciudad, reduciendo a otros sectores a un lugar subsidiario de esta principal producción. Además, el imaginario de la ciudad como la “Suiza Argentina” deja en claro una mirada puesta en función del afuera y la imagen para el turismo, perdiendo de vista la realidad de gran parte de la población.
Esta situación se complejiza con el crecimiento de la ciudad, y el consecuente crecimiento del número de personas que no puede insertarse en este sistema productivo. Así se deja de manifiesto la capacidad limitada de esta monoindustria de abastecer a toda la población y nos obliga a interrogarnos si no es necesario enfatizar en una diversificación de la economía que incluya modos producción alternativos que abarquen a los sectores hoy desplazados.
Hoy en día tenemos grandes grupos con Derechos vulnerados, en situación de exclusión social, precariedad habitacional, con serias o nulas dificultades de acceso a fuentes de trabajo, a una vivienda propia y a medios de satisfacción de sus necesidades básicas. Entre estos, los niños, niñas y jóvenes son los que se encuentran más vulnerables, desorientados en una sociedad que mide la pertenencia en base al consumo de productos muchas veces inaccesibles. Esto se profundiza con otras problemáticas como la droga, el alcoholismo y la venta indiscriminada de alcohol, los vínculos sociales fragmentados, instituciones estancadas que no están al alcance de sus necesidades y políticas ligadas al clientelismo que están lejos de reconocerlos como sujetos de derechos.
Los hechos ocurridos, además de dejar de manifiesto la situación actual, cristaliza la grave crisis política e institucional que atravesamos. El uso político del que son objeto algunos sectores sociales, conlleva al asistencialismo y el clientelismo, no sólo a través de bolsas de alimentos, colchones o chapas, sino también encubierto hoy bajo el nombre de cooperativas, que se conforman a partir de un juego de exigencias–concesiones entre el Estado y algunos sectores de la población, muy lejos de los valores del cooperativismo.
Entendemos que frente a la crisis, el Estado, en todas sus dimensiones, debe asistir y atender ante las situaciones de emergencia, pero también contar con políticas serias de largo plazo que garanticen los derechos de toda la población.
Por otro lado, las instituciones, de las que formamos parte los trabajadores, muestran su inacción frente a esta realidad, corriéndose a un costado en lugar de tomar posturas claras con acciones definidas y comprometidas con la responsabilidad de su función.
Así como llamamos a los funcionarios políticos a repensar las prioridades presupuestarias, convocamos a las instituciones y sus trabajadores a reflexionar profundamente sobre la modalidad de trabajo actual que, ante la escasez de recursos, permita la viabilidad necesaria para cumplir con los objetivos propuestos. Consideramos que los trabajadores debemos correr la mirada del “no puedo”, que generan frustración, sensación de desborde y soledad.
En cuanto a nuestro colectivo profesional, si bien consideramos que muchas veces nuestras intervenciones se ven entorpecidas por el clientelismo político y estructuras paralelas, es fundamental en el rol del Trabajador Social asumir la responsabilidad central en la generación de propuestas de políticas sociales.
Las instituciones públicas, en todos sus niveles, tanto Municipal, como Provincial y Nacional, pueden y deben motorizar esta transformación. Por este motivo convocamos a todos los trabajadores que intervienen en lo social a repensar la práctica cotidiana y seguir profundizando en este análisis para mejorar nuestras intervenciones, en el marco de políticas más inclusivas con un verdadero enfoque de derechos.